Dos formas de pensar lo eterno y su diferencia de lo infinito.


Resulta curioso que usamos la palabra eternidad con la misma cotidianidad y espontaneidad que con la que pedimos un café o saludamos a algún amigo, sin embargo, ¿Qué tanto nos detenemos a reflexionar sobre todo lo que orbita en torno al concepto de eternidad?
En primera instancia, resulta imposible hablar sobre la eternidad ajena al concepto de tiempo. Es ahí donde nos adentramos a una discusión en la que podemos ver a la eternidad como una ausencia de tiempo, es decir, un conjunto vacío de éste, mas todo lo que podemos percibir en este mundo está intrínsecamente atado a la noción de tiempo, pues entiéndase a este concepto como la duración de los acontecimientos, presentados de una manera secuencial; al ser nosotros sujetos inscritos en un espacio-tiempo, en una geometría minkowskiana del tiempo, seguimos una trayectoria lineal y continua, entonces al no poder salirnos de la noción temporal, la eternidad pasa a ser un concepto deshabitado para la realidad humana.
No obstante, dándole vuelta a la idea de eternidad, podemos entenderla como todo el tiempo que está presente a la vez, hace presente el pasado y el futuro, retomando así un poco la reflexión de San Agustín de Hipona “todo pasado y futuro son creados y transcurren por lo que siempre es presente”1. Agustín advierte un riesgo en matematizar y espacializar esta idea del tiempo, ya que podría deformar y dificultar su comprensión, sin embargo, yo pienso que podría enriquecerse más esta noción si entendemos a la eternidad donde pasado y futuro, inicio y fin, convergen en un único punto que es la eternidad; la eternidad sería un punto donde podríamos atribuirle unidad e indivisibilidad, este punto lo entendemos como un punto metafísico al que se le atribuyen estas cualidades de espacio físico, donde se unen todas las líneas, donde el pasado y futuro se hallan concentrados en este eterno sucediendo simultáneamente, no hay un origen ni un fin ambos se encuentran fundidos en un punto, una presencia absoluta sin limitaciones del tiempo.
Ambas ideas, como podemos darnos cuenta, se contraponen, siendo lo único que tiene en común el hecho de sacar a la realidad humana de este concepto de eternidad. En la primera, al vernos prisioneros dentro del espacio-tiempo de Minkowski sin la capacidad de experimentar alguna falta del tiempo y la segunda, por la condición del ser humano de procesar de manera secuencial la realidad, de vivir un segundo a la vez sin posibilidad alguna de habitar en esa presencia absoluta donde presente, pasado y futuro ocurren a la vez, sin embargo, algunos de mis lectores podrán ver una contradicción, encontrando una paradoja en éstos, al yo afirmar que en ambos casos no podemos pensar fuera del tiempo, habrá quienes digan que las matemáticas se piensan fuera de éste, y por ende, eso querría decir que la mente humana puede habitar en una noción de eternidad. Mas estaríamos afirmando que las matemáticas son atemporales tomando una visión platónica al pensarlas inscritas en el mundo de las ideas, pero, nuevas vertientes de concebir las matemáticas, como el intuicionismo2, sostienen que las matemáticas están limitadas a nuestras facultades cognitivas, producto de una intuición temporal, es decir, el objeto matemático no existe hasta que la mente humana lo construye. Dicho esto, rechazando esta idea platónica de la concepción de las matemáticas, la eternidad representa un límite para el hombre, siendo ésta inaccesible para él.
Un error muy común es que se use el término infinito como sinónimo de lo eterno, desconozco si mi lector comente este mismo error y veo oportuno aclararlo: la diferencia radica en la idea que tenemos de entender lo infinito como una sucesión indefinida o un proceso, mientras lo eterno escapa a la noción de recorrido o duración. Aunque claro, esto podría ser una reducción algo burda del concepto de infinito, pues resulta ser un tema igual de interesante y debatible que la eternidad; en donde bajo la visión del intuicionismo de ver al infinito lo podemos concebir como un proceso y no un resultado, el cual podemos profundizar en otro artículo más adelante.
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